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Layel

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Layel

Mensaje por Layel el Lun Ago 01, 2011 2:39 am

Datos personales.

Nombre completo: Layel, aunque también es conocido en alguna leyenda como Báis.
Fecha de Nacimiento: No la recuerda, mas porta siglos sobre su espalda.
Edad: 29 aparentes, olvidados en realidad.
Sexo: Masculino
Orientación Sexual: Heterosexual
Especie: Vampiro


Características Físicas del Personaje.

Foto:
Spoiler:
Descripción física: Alto y robusto, sobrepasando los dos metros de altura por diez centímetros, el soberano se muestra como un verdadero peligro ante ojos ajenos. Su tez pálida, ancho porte y agudas facciones tan solo suman a la sensación peligrosa que él desprende. De manos grandes y cuidadas, su frío tacto tan solo resuena el vacío que le corrompe. Su cuerpo, labrado como si de hierro se tratase, presenta alguna ligera marca de las batallas que ha presenciado, mas nada en comparación con aquellas que podría mostrar un mortal.
Aquellos que han osado observar su rostro o, en su defecto, se han visto obligados a hacerlo, los describen como la perfecta máscara de porcelana. Sin muestra alguna de emociones, todas las expresadas huecas de significado, las agudas facciones, varoniles todas ellas, remarcan el intenso azul que reside en sus orbes. Labios finos y una mandíbula marcada, sustentada por un fornido cuello, son acompañados por una ligera barba y una cabellera corta que muestra ser de un color semejante a un rubio apagado, carente de vida.
En lo que a vestimenta respecta, Layel gusta de incrementar su apariencia autoritaria mediante su ropa, escogiendo colores oscuros y materiales lisos para aumentar la sensación de altura, además otorgándole un aura sofisticada y, ante todo, propia para un vampiro.

Características psicológicas.

Descripción Psicológica: Las heridas de un hombre necesitan de tiempo y soledad para sanarse, de meditación y lamento para supurar el dolor que en lo más profundo de las mismas regurgita sin piedad alguna. Sin embargo, si al hombre herido le privamos de tiempo, aún contando con una eternidad; de soledad, aún sin tener nada; y cargamos sobre su espalda el sustento de centenares de existencias, ¿cómo sanaría el dolor? Tal vez un ser sin convicción, sin principios, hubiera abandonado su corona a cambio de poder llorar en lo más profundo de las mazmorras de su soledad. Layel, en cambio, optó por una metamorfosis, un cambio que haría de su persona una capaz de soportar todo aquello que puediera serle lanzado.

Así pues, hallamos en nuestra presencia a un hombre vacío, inexpresivo y meramente una herramienta oxidada por sus emociones. Aquellas honestas sonrisas, verdadero desamparo y preocupación que un día pudieron haber coronado sus labios y facciones, hoy en día son simples espejismos que demuestra tan solo a aquellos que pueden llegar a asemejarse a seres queridos en su persona. Exento de emociones, necesita de algo que rija su existencia, algo bajo lo cual decirse a sí mismo que ha de existir, que no hay otra solución. Y esta necesidad se ve cubierta por su reino, sus leyes. El vampiro vive por y para sustentar a sus lacayos, a sus siervos y súbditos, hacer de sus tierras justas, alzarse contra aquellos que en su día les traicionaron y, si tuviera la oportunidad, conquistar todo el territorio para sus feligreses.

Virtudes: Un soberano prudente, conoce bien cuándo o no ceder ante sus enemigos. Hombre valiente, honesto y, aunque pueda aparentar lo contrario por su desinterés para con el mundo, leal ante todo. Sus siglos de vida le han permitido lograr un gran dominio sobre su sed y sus encantos, aprovechando en sobremanera las debilidades de otras razas.
Defectos: Su frialdad le incapacita de cualidades sociales, todos aquellos que le rodean leales en son del miedo que sienten hacia su persona; no gracias a respeto o cariño alguno. También la falta de tacto tiende a causarle más problemas que solventarlos. Su lealtad terminará por matarlo.
Disgustos: El ruido le resulta de lo más molesto, junto con el llanto de una mujer. Este último no logra tolerarlo. Sus hermanos, hijos del fuego y aire, tampoco logran ser de su gusto, aunque tiende a ignorar sus preferencias si al reino favorece la situación.
Miedos/Fobias: Por extraño que pueda parecer, el soberano de las sombras teme sentir. El volver a atarse a una persona, de manera que una vez ya hubo hecho, consigue que todo su cuerpo tiemble de miedo. También le acongoja el pensar que su hijo pueda estar vivo, el no saber quién ni cómo es, el no saber si tal ser pudiera haceptarle como algo más que un cobarde.

Datos Históricos.

Historia: Nacido en los principios del tiempo Atlante, el eterno jamás ha sabido recordar sus primeras décadas de vida, incapaz de relatarlas para así ser escritas por sus leales escritores, ansiosos de relatar las grandes azañas de su soberano. Mas si ha llegado a contar, allá cuando el Rey poseía una sonrisa honesta, el cómo la locura tomaba los parajes que habitaban todos los seres, el cómo sin coronas los entes perdían la noción del respeto. Sí, era posible sobrevivir en dichos parajes, existía un código no escrito sobre el comportamiento a llevar acabo, mas variaba en raza y tribu. También relató cuantiosas veces la coronación que Apollymi llevó acabo, cómo ciegamente los 5 nuevos reyes aceptaron el puesto sin queja alguna. Y así Layel, vampiro temido en sus tierras por su inteligente violencia, era de ahí en adelante soberano de la oscuridad, Rey de los vampiros. Poco tardó en ganarse el respeto de su pueblo, sus órdenes justas e imparciales, sus leyes decretos forjados en hierro.

En 5 años la locura había sido controlada, los reinos marcados y sus súbditos respetuosos bajo el temor que les tomaba ante sus soberanos. Layel y su esposa, Cassandra, visitaban con frecuencia los lugares más remotos de su territorio, asegurándose de su correcto funcionamiento. Fue esta época en la que, aun siendo el reino de las sombra y oscuridad, una extraña vitalidad podía vislumbrarse en las tierras de los hematófagos.

Media década más llevaría a los soberanos a buscar más poder, a ansiar dominar a aquellos que les rodeaban. Ciertamente Layel también se veía fagotizado por esta necesidad, mas sus motivos eran mayores al egoísmo. Él veía la población de sus tierras aumentar, la eternidad haciendo de estas insuficientes para sus habitantes. Las quejas eran incesantes, y la libertad con la cual Aetos trataba a un pueblo que no era suyo terminó por colmar la paciencia del eterno. Comenzando a conspirar contra el líder del reino del aire, no cayó en la cuenta de la volubilidad que tanto caracterizaba a la raza metamorfa. El robo de su mujer excedió la razón del vampiro, el cual no dudó en atacar al tirano que osaba manejar el mundo a su gusto. Tampoco le supuso dolor alguno perder ante las bestias, el poco corazón que tenía marchitándose mientras observaba prisionero cómo su mujer era violada y torturada. Poco a poco su mente fue cortando cada cuerda, cada sentimiento, hasta quedar una estatua de carne pútrida y necesidades básicas.

La venganza fue rápida y sigilosa. El soberano no buscaba aniquilar la raza, solo al bastardo que hubo guiado a los plebeyos, a los imbéciles e idiotas que, en su estupidez, no sabían mejor que obedecer a su rey. Cualquiera que osase interponerse solo buscaba su adios, su eterno descanso, y Layel no iba a interponerse con sus deseos. Ver rodar la cabeza del soberano no logró acallar su pena, tampoco su ira, mas si logró silenciar aquella voz que tanto aclamaba por una vendetta. Conoce de sobra que el joven príncipe, ahora rey, observó la muerte de su padre. Y, siendo sinceros, espera de brazos cruzados a que el joven rey busque su muerte.

La alianza que años después vendría (fuego, agua y sombras) tan solo sería para Layel una ayuda necesitada, un compromiso para lograr que su gente dejase de hallarse en la miseria que les poblaba. Sin temor, no dudó en atacar el reino que años antes le hubo destruído, su espada firme ante el enemigo. Sin embargo, las alianzas solo son válidas hasta que el fin de su utilidad, y, tal y como Layel descubrió, los demonios parecen desechar la utilidad posibilitada a la mínima de cambio. Desapareciendo de la batalla, se llevaron la clave y razón de la misma.

Actualmente continúa reinando sus tierras de forma justa y leal a las leyes impuestas. Su alianza con Valerian sigue intacta, aunque ambos conocen de sobra las costumbres del otro. Sin embargo, hasta que toda clausula se vea completada, el vampiro se mantendrá leal a dichas. Conseguirá a Amethyst, liberará a su pueblo del dolor.

Familiares:
    Cassandra: Cónyuge, muerta.
    Aedan: Hijo, desconoce de su paradero o si vive.

Datos extra: Robó el hijo de un demonio para que fuera su gaurdia personal, nombrándole Elijah. Esto es conocido por casi todo el mundo, una leyenda dispersa por el reino.
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Re: Layel

Mensaje por Darius el Miér Ago 03, 2011 3:10 pm

Ficha aceptada.
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